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Y tú, ¿cómo tratas a tu hijo?

Y tú, ¿cómo tratas a tu hijo?


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Les buscamos el mejor de los colegios, nos preocupamos por que coman de todo, de forma equilibrada. No olvidamos sus revisiones médicas ni sus clases de pintura, de judo o de música.

Nos desvivimos por que tengan de todo. Les leemos cuentos, les compramos la mejor ropa. El Ratoncito Pérez nunca olvida recoger su diente. Y por supuesto, insistimos en que se vistan solos, se peinen, se laven los dientes... y sin embargo, nos falla algo: la forma de tratarles.

A menudo no cuidamos las palabras. Y las palabras son tan importantes como cualquiera de las acciones. Las palabras, tan importantes como un abrazo... o como un castigo. Tienen tanto peso que acceden directas al corazón. Y aunque nuestro hijo sea pequeño, quedan ahí, grabadas. Las palabras pueden ser como clavos. Aunque pidas perdón, siempre quedará la cicatriz.

El estrés, las prisas, los nervios... las causas pueden ser cientos, pero.. ¿no te pasa que a veces terminas diciendo cosas como estas a tus hijos?:

1. 'Lo tienes que hacer porque te lo digo yo y punto'.

2. 'Más tarde, que ahora no tengo tiempo'.

3. 'Déjame de tonterías, que tengo muchas cosas importantes que hacer'.

4. 'Venga, que pareces tonto...'

5. 'Que sí, que sí, que sí... ya me lo dices más tarde'.

6. 'Pero date más prisita, que eres un lento'.

7. 'Queeeeee, queeeeeee. ¡Mira que eres pesado!'.

Del cómo trates en el día a día a tu hijo, dependen muchas cosas. Tus palabras, tus malos gestos y tu indiferencia hacia tu hijo incide directamente sobre:

- La confianza que tu hijo tenga en los demás.

- Su autoestima. Evidentemente, será más baja.

- Su fortaleza. Seguramente sea más débil.

- Su poca capacidad para aceptar la frustración.

- La envidia y los celos hacia los demás.

- Los miedos que tenga, que serán muchos.

- Siempre estará pendiente de lo que digan los demás. Se sentirá constantemente juzgado.

- Desequilibrio en sus emociones.

Evidentemente, perder los nervios en un momento dado es normal, y eso no nos etiqueta como 'malas madres' ni 'malos padres'. Pero si este trato es el habitual, la cosa cambia. Tal vez nos preocupemos mucho porque nuestro hijo tenga de todo y descuidemos lo más importante: el trato que le damos.

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