Trastornos mentales

Alimentación ideal para niños con epilepsia


La epilepsia es un trastorno del sistema nervioso que se caracteriza por la aparición de crisis que se repiten con una frecuencia indefinida e impredecible. Las crisis epilépticas son episodios de actividad descontrolada y anormal de las neuronas que puede causar cambios en la atención o el comportamiento del niño. ¿Existe alguna forma de espaciar o disminuir la intensidad de las crisis de epilepsia? Te contamos cuál es la alimentación ideal para niños con epilepsia.

La causa de la epilepsia puede tener su origen en una lesión o trastorno que afecte cerebro que el niño ha sufrido durante el embarazo de la madre o en el momento del parto, puede ser hereditario, producirse a consecuencia de otras enfermedades como la meningitis o tener un origen completamente desconocido. Esto hace que no se pueda predecir un momento exacto de aparición y que pueda manifestarse a cualquier edad.

Se trata de una enfermedad bastante común, y es que según la Organización Mundial de la Salud se estima que unos 50 millones de personas en el mundo padecen o han padecido epilepsia en algún momento de su vida.

Los síntomas varían de una persona a otra, variando entre leves episodios de ausencias, pérdida del conocimiento o temblores violentos. En general, el tipo de crisis epiléptica y su seriedad depende de la parte del cerebro afectada.

El médico es el encargo de examinar al niño y de pedirle distintas pruebas que confirmen el diagnóstico, como un encefalograma, que mide la actividad eléctica del cerebro. Se puede recomendar, también, otras pruebas que lleven al origen y causa de esta enfermedad como análisis de sangre o resonancia magnética.

En función de los resultados obtenidos en estas pruebas se establecerá un tratamiento y, aunque obviamente el tratamiento de la epilepsia es farmacológico, el seguimiento de una dieta apropiada puede ayudar a espaciar las crisis y disminuir su seriedad.

Se ha observado de manera experimental que la dieta cetogénica, es decir, una dieta rica en grasa y baja en carbohidratos, puede ser beneficiosa sobre todo en casos de niños en los que la medicación no consigue el efecto deseado.

Aproximadamente el 40% de los niños que participaron en estos estudios mostraron una disminución de hasta la mitad en la aparición de crisis epilépticas, y estaban más alerta y de mejor humor tras seguir esta dieta durante 3 meses. Sin embargo, cualquier cambio en la dieta que no debe tomarse a la ligera sino que debe ser dirigida por un profesional de la nutrición, además de por el pediatra, ya que puede tener efectos secundarios.

Tradicionalmente, la dieta cetogenica conlleva un aporte de grasa de aproximadamente 3g por cada g de otro macronutriente (proteína y carbohidrato). Es una dieta muy severa que requiere que el niño evite por completo, entre otros, el pan, la pasta o las patatas. Sin embargo, existen alternativas más flexibles que también han dado buenos resultados.

Como recomendación general, y sin seguir una dieta tan estricta como la cetogénica, parece demostrado que una dieta con mayor inclusión de grasa de la habitualmente recomendada es beneficiosa para los niños con epilepsia.

Las recomendaciones habituales sugieren no más de un 25% del aporte energético a partir de la grasa, mientras que para niños con epilepsia, podría ser recomendable incrementarlo hasta un 65%. Lácteos enteros en lugar de semidesnatados, piezas cárnicas sin eliminar la grasa visible o pescados azules en lugar de blancos pueden servir para aumentar el porcentaje graso en la dieta del niño.

En cuanto a los carbohidratos, estos deben ser de bajo índice glucémico, es decir, aquellos que mantienen el nivel de glucosa estable en la sangre, sin modificarla en exceso.

Habrá que seleccionar verduras como el brócoli, el pimiento, la zanahoria cruda o el calabacín, frutas como las cerezas, fresas, peras o mandarinas (aquellas con menor cantidad de azúcares simples), pastas y arroces integrales, frutos secos como las nueces o los pistachos, legumbres como los garbanzos o la soja.

Como te hemos comentado más arriba se trata de una dieta diferente a la que habitualmente tiene que llevar un niño, de ahí que haya que tener en cuenta una serie de consideraciones antes de ponerla en práctica:

- Hay que hablar con el médico. No es algo por podamos decidir los padres por nuestra cuenta. Antes de cambiar o modificar la dieta del niño, hay que consultarlo con el pediatra.

- No es algo milagroso. Hay que saber que no es una garantía 100% de notar mejoría, y es que es algo que puede funcionar en algunos niños, pero en otros no.

- Establece un plan de dieta. Se trata de un plan de alimentación que, si funciona, el niño deberá llevar también fuera de casa, por ejemplo, en el colegio, por eso hay que hablar con él sobre ello.

- Posibles reacciones adversas. Al tratarse de una dieta que, por ejemplo, incluye lácteos hay que asegurarse de que el niño no sufre ninguna alergia o intolerancia.

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