Conducta

Qué pueden aprender los niños de la vergüenza y cómo les influye


¿Qué niño no se ha escondido alguna vez detrás de mamá o papá? ¿A quién no le han sacado los colores o ha sentido en sus mejillas el calor de la vergüenza? Y es que pocas personas se escapan de esta sensación desagradable que nos provoca esta emoción. Hablamos de la vergüenza y nos preguntamos qué pueden aprender los niños de esta emoción y qué función tiene esta dentro de la inteligencia emocional de nuestros hijos.

La vergüenza una emoción social que aparece en esos momentos en los que nos sentimos expuestos y evaluados, como cuando debemos hablar en público o cuando estamos con un grupo gente que no conocemos.

Es una de esas emociones clasificadas como emociones secundarias o sociales. Secundaria porque es una combinación de emociones primarias como el miedo, la tristeza y la rabia. Y clasificada como social porque la sentimos al relacionarnos con otras personas, igual que lo es la culpa. Una emoción aprendida que probablemente no sentiríamos con tanta intensidad si no nos la inculcaran tanto desde que nacemos.

La vergüenza es una emoción tan potente que puede llegar a paralizarnos y limitar nuestras vidas provocando un gran sufrimiento. Es por ello que es necesario saber identificarla y conocerla. Detectar cuáles son sus principales disparadores y qué podemos hacer para ayudar a nuestros hijos a tenerla raya.

Pero no toda va a ser negativo. La vergüenza, como emoción que es, tiene una función adaptativa. Es decir está en nosotros para ayudarnos a regular nuestro comportamiento en función de la situación y de los estímulos que vamos percibiendo para evitar que hagamos o digamos algo.

Además nos ayuda a reconocer nuestros errores y a querer repararlos. Pero cuando la vergüenza aparece de modo intenso, frecuente y en multitud de ocasiones puede transformarse en un problema que debemos solventar antes de que llegue a más.

Todos los niños, niñas, adolescentes y adultos sentimos vergüenza. Es inevitable, como lo es sentir cualquier otra emoción. Pero hay ocasiones en las que la vergüenza es excesiva y puede causar mucho dolor y sufrimiento.

Ocurre frecuentemente en niños y niñas:

- Con baja autoestima, con poca seguridad y confianza en sí mismos.

- Que perciben y viven las situaciones sociales como una amenaza.

- Tienen miedo a hacer el ridículo, a no saber qué hacer, qué decir, miedo a las miradas de los demás y a lo que pensarán de ellos.

Tras estos pensamientos y comportamientos de retraimiento o aislamiento hay una historia de aprendizaje que les ha llevado a pensar y sentirse así. Entre los diferentes factores causales destacamos los siguientes:

- Estilos parentales sobreprotectores o autoritarios.

- Estar siendo víctima de abusos en la familia o de acoso escolar.

Para ayudar a los niños a enfrentarse a su vergüenza y evitar que esta tome un papel relevante en su forma de ser y comportarse los padres debemos:

1. Respetar y validar sus emociones, cualquiera de ellas. Esto significa entender cómo se sienten, poner nombre a la emoción y darles permiso para expresarlas de un modo saludable.

2. Mejor usar expresiones como: 'Lo comprendo', 'Sé cómo te sientes', 'A mí me pasaba igual cuando'... que estas otras: 'No hay para tanto', 'Venga, no tengas vergüenza de...'. Aunque estas últimas estén bien intencionadas, no ayudan en absoluto.

3. Ser más conscientes de nuestro estilo parental, puesto que nuestro modo de criar y educar tiene un gran peso en el desarrollo de la inteligencia emocional de nuestros hijos.

4. Evitar la sobreprotección o un estilo parental excesivamente rígido y autoritario, ya que ambos modos de proceder impiden el desarrollo de habilidades y competencias esenciales para la vida, generando sentimientos de inferioridad y de poca valía personal.

5. Ayudarle a construir una imagen positiva de sí mismo siguiendo las recomendaciones que se explican a continuación.

6. Fomentar la autonomía desde los primeros años. Debemos dejar que los niños aprendan a hacer las cosas por sí mismos tal y como decía María Montessori 'Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo'. Aunque cuando lo requiera siempre estaremos ahí para brindarle apoyo.

7. Valorar sus cualidades y méritos y evitar poner el foco de nuestras miradas en aquello que todavía no es capaz de realizar.

8. Elogiar el esfuerzo, los pequeños pasos y no tanto el resultado final. Cuando solo valoramos el éxito enviamos un mensaje a nuestros hijos que solo importan los buenos resultados y la perfección.

9. Eludir comentarios negativos, las críticas innecesarias o las altas expectativas minan su autoconcepto y fomentan en nuestros hijos sensación de inseguridad e incapacidad.

10. Evitar el perfeccionismo. Aceptar nuestras imperfecciones como padres y las de los demás, todos cometemos errores, no existen ni los padres y los niños.

11. Proporcionar entornos seguros en el que se sienta libre para aprender y expresarse sin miedo al error, al fracaso o a decepcionar a alguien.

En resumen, la vergüenza es una emoción que aunque no podamos eludir sentir sí podemos evitar que limite e impida avanzar a nuestros hijos.

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